Estaba sentada en un salón de un hotel de la ciudad en un taller sobre Liderazgo. Estaba allí porque quería alcanzar mis metas y el taller prometía darme las herramientas para lograr eso. El entrenador habló de muchos temas interesantes, pero uno en particular me llamó la atención. Él tituló esa sección del taller "Zona Cómoda". Pintó en un papel un cuadrado. Dentro del cuadrado escribió algunas palabras de cosas que usualmente ya tenemos. "Trabajo", "familia"... y algunas cosas materiales básicas. Luego, fuera del cuadrado escribió otras palabras de aquellas cosas que NO tenemos pero que nos gustaría tener. El público fue diciéndole cosas... "Mejor trabajo", "viajes", "abundancia económica", etc. Entonces preguntó: "¿Qué hay entre lo que tengo hoy y eso que quiero que está fuera del cuadrado?" "¿Por qué no las tengo?", siguió preguntando. La conclusión era obvia: para alcanzar mis metas, necesito salir de mi zona de confort.
El entrenador puso el siguiente ejemplo: Una persona va a una heladería, de esas en donde puedes, antes de comprar, pedir que te den a probar todos los sabores que quieras. La persona comienza a probar uno por uno todos los sabores. Sabores exóticos, deliciosos y todos diferentes. Sin embargo, después de probarlos todos, cuando ya llega la hora de ordenar, la persona pide que le den un helado de "vainilla". "Así es nuestra zona cómoda", decía el entrenador. "Es como tener muchas alternativas y opciones, pero quedarnos en la que ya conocemos".
Hoy, años después de haber asistido a ese taller, me pregunto si -como cristiana- estoy en una zona cómoda. Creo que es una pregunta que vale la pena hacerse, como manera de auto-evaluación. ¿Estoy dándole a Dios todo lo que puedo darle? ¿O sólo lo que es "cómodo" darle?
¿Qué es la zona cómoda?
La parábola de los talentos que nos da nuestro Señor en Mateo 25:14-30, en cierta forma nos habla de la zona cómoda. El siervo que recibió un talento no hizo nada con él que no fuera esconderlo y esperar. Solo pensar en qué hacer con ese talento implicaba para el siervo salir de una zona de confort, pues tenía que pensar y buscar alternativas de qué hacer. Su señor no le dijo qué hacer, simplemente se lo dio. Al llegar su señor, éste lo llamó "siervo malo y negligente". Son palabras fuertes. Está claro que lo que hizo, que fue no hacer nada, no estuvo bien. Sin embargo, muchas veces es precisamente eso lo que hacemos. Recibimos del Señor y lo que recibimos lo escondemos y esperamos, como si eso que hemos recibido fuera a dar fruto por sí solo sin ningún esfuerzo de nuestra parte.
Para el cristiano es muy fácil caer en una zona cómoda y no hacer nada o muy poco con lo que el Señor nos da. Nos mantenemos a la expectativa de que algo externo a nosotros suceda como por arte de magia y ni siquiera nos detenemos a pensar en cómo multiplicar, desarrollar y hacer crecer eso que hemos recibido. A veces nos decimos: "Estoy esperando que el Espíritu Santo me llene, me guíe..." Y sí, muchas veces lo que el Señor quiere es que esperemos, pero ¿habrán otras veces en las que usamos eso simplemente como una excusa? Para el cristiano, la zona cómoda es todo aquello que es fácil. Así de simple. Es todo lo que implique permanecer estático, no crecer. Es todo lo que viene por defecto. Ir a la Iglesia regularmente, pertenecer a algún ministerio, leer la Biblia y orar todos los días, etc. etc. Es recoger los mangos bajitos. Claro que para cada quien la zona cómoda será diferente y más aún, la zona cómoda va ampliándose cada día más. Lo que en un principio estaba fuera del cuadrado, una vez lo logramos o se convierte en un hábito, ya entra en la zona cómoda. Eso sería una batalla ganada, pero entonces sería necesario volver a mirar fuera del cuadrado y enfocarnos en eso que aún no está dentro y esforzarnos para que entre.
Tenemos que entender que la voluntad de Dios no puede ser encerrada dentro del cuadrado de nuestra zona cómoda. Sería como ver un paisaje hermoso desde el interior de una habitación a través de una ventana, y pensar que todo el paisaje es lo que el marco de la ventana nos permite ver. Para ver el paisaje completo, es necesario que al menos saquemos la cabeza.
¿Por qué el cristiano está llamado a salir de su zona cómoda?
Vi una vez un episodio de un show de comedia en la televisión norteamericana en donde alguien le decía a uno de los personajes: "Tienes que salir de tu zona cómoda". El personaje contesta: "Eso es lo más absurdo que he escuchado. ¿Por qué querría salir de mi zona cómoda? Por algo la llaman cómoda". El chiste, sin lugar a dudas, es muy lógico. ¿Quién no quiere estar cómodo? Pero ser cristiano implica precisamente todo lo contrario. El Señor lo dejó claramente establecido cuando nos dice: "En el mundo tendréis aflicción" (Juan 16:33). "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame" (Lucas 9:23). Ambas expresiones del Señor implican "dificultad", "esfuerzo"; lo contrario a "comodidad".
Seguir a Cristo no está supuesto a ser fácil, mucho menos cómodo. De hecho, es "anti-natural", pues nuestro instinto natural es seguir los deseos de nuestra carne. Eso es lo normal. Ser cristiano, seguir a Cristo, es la antítesis de nuestra naturaleza pecaminosa. Es enfrentar nuestro pecado vs. la santidad de Jesús. Es caminar todo el tiempo en pos de esa santidad e imitar a Cristo en todo. Eso es lo que define al cristiano. Por lo que no hay duda que, como cristianos, estamos llamados a constantemente tomar nuestra cruz ("cada día") y salir de nuestra zona cómoda.
Si te sientes cómodo, si todo en tu andar con Jesús te resulta fácil, si sientes que todo está color de rosa en tu vida espiritual, si tienes las mismas preguntas, inquietudes o luchas y si eres el mismo cristiano de hace unos años ¡cuidado! Puedes que estés en una zona cómoda.
El Apóstol Pablo describió en ocasiones el cristianismo utilizando palabras como "batalla" (1 Timoteo 6:12; 2 Timoteo 4:7) y "carrera" (2 Timoteo 4;7; Hebreos 12:1). Ambas palabras implican movimiento, esfuerzo, crecimiento y luego logro. El cristiano está llamado a crecer, a moverse, a esforzarse, a no permanecer estático. El cristianismo no tolera la mediocridad. No se puede seguir a Cristo a medias. ¿O acaso le diremos al Señor que nos deje hacer esto o lo otro primero antes de comprometernos por completo con Él, como le dijo uno que quería seguirle en Mateo 8:21?
¿Qué nos mantiene en la zona cómoda?
¿Qué fue lo que hizo que el siervo que recibió un solo talento no hiciera nada con él? El siervo le dijo a su señor: "Señor, te conocía que eres hombre duro, que siegas donde no sembraste y recoges donde no esparciste; por lo cual tuve miedo, y fui y escondí tu talento en la tierra; aquí tienes lo que es tuyo" (vv. 24-25). Se destaca en su justificación una palabra: MIEDO. La mayoría de las veces que permanecemos en esa zona cómoda es debido al miedo. Particularmente pienso que el miedo es válido. Lo desconocido siempre da miedo. No saber cuál es la voluntad de Dios también da miedo. Ahora bien, ¿es justificación para no hacer absolutamente nada?
Otra justificación para permanecer en una zona cómoda es la PEREZA. Sencillamente, no queremos esforzarnos. Aplicamos a nuestra vida cristiana la ley del mínimo esfuerzo. A menudo nos apoyamos en la gracia del Señor y en la correctísima doctrina de que la salvación es por gracia y no por obras para justificar nuestra inercia. "Dios me ama y no tengo que hacer nada, que no sea arrepentirme y aceptarlo como mi Salvador, para ganar mi salvación", nos decimos a nosotros mismos. Lo cual es cierto. Pero debemos tener en cuenta que no somos el ladrón arrepentido al lado de Cristo en la cruz. Ese ladrón estaba a punto de morir y Jesús le regaló la salvación, por gracia. El señor no le dio más tiempo de vida en la tierra, pero sí la salvación. A nosotros, que estamos vivos, el Señor nos da la salvación, pero también nos da tiempo. El tiempo es como los talentos de la parábola. Es una gracia, un regalo, un recurso. La pregunta es: ¿qué hacemos con ese recurso? ¿Lo malgastamos no haciendo nada con él? ¿O lo invertimos para que produzca "intereses"?
¿Cómo salir de la zona cómoda?
Más que salir de ella, en realidad, la zona cómoda debe ampliarse. El cuadrado debe crecer cada vez más. ¿Significa esto que llegará un momento en que todo sea zona cómoda? Pues sí, ese momento llegará.... cuando estemos en el cielo con nuestro Señor. Sin embargo, mientras estemos en este mundo, siempre habrán cosas fuera de la zona cómoda que debemos integrar a la misma, o por así decirlo, siempre habrá una zona "incómoda". Nuestro trabajo es salir del cuadrado a buscar todo lo que está en esa zona incómoda y entrarlo. Para hacer esto sólo tenemos que superar los dos principales factores que nos entorpecen para darle a Dios el máximo de nosotros mismos, que son: el miedo y la pereza.
Sobre el miedo y la pereza, superarlos conlleva fe. Pero no la fe como sentimiento o simple creencia, sino la fe activa que conlleva acción. A esa fe yo la llamo la "fe responsable". "Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas" (Josué 1:9). Fíjate cómo esta confianza en Dios está acompañada de una acción por parte nuestra: esforzarse. Esa es nuestra parte, nuestra responsabilidad es confiar y esforzarnos. Dios hará su parte, que es estar con nosotros en todo momento, y ¿qué mayor fuerza que su presencia a nuestra lado?
Todo esto de "esforzarse" no puede verse de manera aislada. Tenemos que tener claro que nuestros esfuerzos no sirven de nada sino están acompañados de fe. Podemos esforzarnos todo lo que queramos, y si no tenemos fe, si no estamos dispuestos a hacer la voluntad de Dios, no servirá de nada. Seremos igual que esa rata de laboratorio corriendo en una rueda sin avanzar, simplemente agotando toda nuestra energía. Nuestros esfuerzos sin la dirección de Dios y sin tener toda nuestra confianza puesta en Él son fútiles.
Dios quiere más de ti y de mí
Ahora mismo sé que el Señor quiere más de mí. Lo sé porque Él no espera menos que TODA nuestra vida. Dios no espera de ti cuando le entregas tu vida que la separes en diferentes "departamentos", y que sólo le entregues tu vida "cristiana" o "eclesiástica" o "espiritual". Debes someter todas las demás áreas de tu vida, TODA tu vida, a la soberanía de Dios. Tu vida profesional, tu vida social, tu vida amorosa, tu vida familiar, tu vida económica.... toda tu vida. Mientras haya áreas de tu vida en donde seas tú quien mandes y no el Señor, entonces sabrás que Él quiere más de ti.
Sé que Dios quiere más de mí también porque sé muy bien de lo que soy capaz. No puedo decir que no sé qué Dios quiere de mí con falsa humildad, pretendiendo no saber que tengo habilidades para hacer esto o aquello. Dios me ha dado capacidades, habilidades, talentos, dones, recursos. Yo los conozco, están en mí. Algunos hay que desarrollarlos, otros ya están listos para ser usados. La pregunta es: ¿qué estoy haciendo con ellos? Mientras haya una habilidad en tu vida que no estés poniendo al servicio de Dios, entonces sabrás que Dios quiere más de ti.
Pero no debemos confundir salir de la zona cómoda y darle más de nosotros al Señor con llenarnos de actividades y proyectos al punto de llegar a ser ineficientes y de drenar nuestro espíritu. Dios quiere más de nosotros, pero salir o ampliar la zona cómoda no quiere decir convertirnos en cristianos super ocupados. No quiere decir estar en diez ministerios al mismo tiempo y llegar al punto del agotamiento. No quiere decir llenar nuestra agenda de obras para Dios y actividades de la iglesia. Quizás para algunos quiera decir todo lo contrario. Quizás mantenerse super ocupado sea la zona cómoda de alguien. Dios no quiere que simplemente "hagas cosas", Dios te quiere a ti. Quiere tu corazón.
Pensemos por un momento en la historia del joven rico que encontramos en tres de los Evangelios (Mateo 19:16-30; Marcos 10:17-31; Lucas 18:18-30). Es una historia tan triste. El joven era un cumplidor. Hacía todo lo que había que hacer. Cumplía los mandamientos; hasta el del amor al prójimo. Era un hombre bueno, justo, agradable a Dios. Me gusta mucho como en la versión de Marcos, dice "Entonces Jesús, mirándole, le amó..." (Marcos 10:21). Pero ni aún eso era suficiente. ¿Por qué? ¿Por qué ser bueno, hacer cosas para el Señor, ser justo, amar al prójimo, no es suficiente para Dios? Porque Dios quiere nuestro corazón. Para el joven rico, faltaba ese pequeño detalle: su corazón. Toda la lista de mandamientos que el Señor le dijo eran zona cómoda para él. Me imagino diciendo "checked" a cada uno de los ítems que Jesús le decía. Pero renunciar a sus riquezas era salirse de su zona cómoda, porque implicaba dar todo su corazón a Cristo.
Hazte la siguiente pregunta: ¿Estoy realmente dándole mi corazón a Dios? ¿O simplemente estoy poniendo cotejos a una lista de requisitos de lo que me he inventado significa ser cristiano?
Cuando nos vemos forzados a salir de la zona cómoda
Algo que sí tengo por seguro es que el Señor puede revelarnos que estamos en una zona cómoda trayendo circunstancias a nuestras vidas que nos obliguen a remenearnos, a despertar, a abrir los ojos. Cuando este tipo de circunstancias lleguen a tu vida, pregúntate: ¿Qué quiere mostrarme el Señor? ¿Qué comodidad quiere el Señor que abandone? ¿Por qué? ¿Para qué?
La respuesta a esta última pregunta, en mi caso particular, pienso que es para que yo crezca en santidad. El Señor quiere que crezcamos en el conocimiento de Él. ¿Y para qué quiere Él que crezcamos en santidad? Para que podamos estar cada día más cerca de Él. El objetivo final de Dios es tener una relación contigo y conmigo, estar cerca de ti y de mí. Pero Él no puede estar cerca del pecado. "Como aquel que os llamo es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo" (1 Pedro 1:15-16).
El Señor también nos manda circunstancias a nuestras vidas para probar nuestra fe. "Aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo" (1 Pedro 1:6-7). Es decir que nuestra fe es probada. ¿Probada a quien? ¿A Dios? Dios no necesita probar nuestra fe. Él es Dios; Él lo sabe todo. No necesita diseñar una prueba para ver qué tan grande o buena es nuestra fe. Él ya sabe eso. Lo que necesitamos probar nuestra fe somos nosotros. Cada circunstancia que pone a prueba nuestra fe es para que nosotros comprobemos cómo opera la fe en nuestras vidas y podamos ver su poder.
El Señor también nos manda circunstancias a nuestras vidas para probar nuestra fe. "Aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo" (1 Pedro 1:6-7). Es decir que nuestra fe es probada. ¿Probada a quien? ¿A Dios? Dios no necesita probar nuestra fe. Él es Dios; Él lo sabe todo. No necesita diseñar una prueba para ver qué tan grande o buena es nuestra fe. Él ya sabe eso. Lo que necesitamos probar nuestra fe somos nosotros. Cada circunstancia que pone a prueba nuestra fe es para que nosotros comprobemos cómo opera la fe en nuestras vidas y podamos ver su poder.
Descubriendo tu zona cómoda
No sé cuál es tu zona cómoda, o tu zona incómoda. Tampoco estoy clara, para ser honesta, en cuál es la mía. Ahora mismo estoy en oración para que el Señor me la muestre. Quizás tu caso sea que hayas estado en un ministerio por tanto tiempo que ya lo haces hasta con los ojos cerrados. Quizás sea que debes elevar la barra en tu nivel de profundidad en el estudio de la Palabra de Dios. Quizás sea que no estás evangelizando con el mismo ímpetu que lo hacías cuando recién te convertiste. O quizás sea que tu tiempo a solas con Dios debe ser extendido. Solo el Señor puede revelarte esas cosas. Lo que yo estoy haciendo en este momento, es orando y pidiéndole al Señor que me revele en qué área de mi vida debo ampliar mi zona de confort.
Las listas siempre ayudan. Empieza por tus talentos. Haz una lista de tus talentos (desarrollados y potenciales). A la derecha escribe para cada uno cómo lo estás utilizando para Dios. Luego sigue con tu tiempo de intimidad con Dios. Evalúa cómo está ese tiempo. Pregúntate si estás poniendo tu corazón en cada segundo que pasas a solas con Dios. O simplemente, ponte de rodillas y hazle la siguiente pregunta al Señor: "Oh, Padre, dime qué más puedo darte". Pero procura que tu corazón esté listo para escuchar la respuesta del Señor y no entristecerte y marcharte como lo hizo el joven rico, pues de seguro implicará salir de tu zona cómoda. ¿Estás listo?
¡Dios te bendiga!

Me encato, Gracias
ResponderEliminarEstoy convencido de que estas usando tus talentos y sobre este para apoyarte a incomodarte me imagino que sabes que te incomoda al respecto.
Un abrazó manita y que Sr. Te siga bendiciendo.