jueves, 30 de mayo de 2013

¿CUÁNDO?


¿Cuántas veces nos hemos hecho esta pregunta cuando esperamos o ansiamos algo? ¿Cuántas veces le hacemos esa pregunta al Señor en nuestras oraciones? Le decimos: "Señor, ¿cuándo? ¿cuándo?".

La respuesta está en Hechos 1:7.  Los discípulos le preguntaban al Señor si restauraría el reino a Israel en ese tiempo, es decir, en el tiempo de ellos. Se preguntaban cuándo; si ellos lo verían. El Señor les responde...
"No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones que el Padre puso en su sola potestad".

Esa respuesta me hace pensar en mi hija Alina, cuando le prometo llevarla, por ejemplo, a comer helado, pero no le digo cuándo. Ella se pone ansiosa y comienza a preguntarme "Mami, ¿vamos a ir ahora?".  Respondo pacientemente "No, Alina, ahora no".  Ella vuelve y pregunta "Mami, ¿iremos esta tarde?".  "No, Alina, esta tarde Mami no puede, tengo que trabajar" -le respondo.  Pero ella no se está quieta y vuelve y me dice "Pero Mami, iremos hoy, ¿verdad?".  Ya no tan pacientemente y arrepentida de haberle hecho la promesa, le respondo: "Alina, no iremos hoy, y menos ahora contigo insistiéndome tanto; ya te dije que iremos a comer helado pronto".  Pero no se queda ahí la cosa; ella continúa insistiendo hasta que por fin me dice "Mami, por favor, dime cuándo", como si toda su vida dependiera de mi respuesta.  Ella no hace una rabieta, pues sabe que si lo hace sus probabilidades de comer helado disminuirán a cero, pero ganas no le faltan de romper a llorar y gritar "Lo quiero ahooraaaa!".  Esa misma soy yo en mis oraciones.  El Señor me ha dado tantas bellas y maravillosas promesas y todo el tiempo estoy preguntando ¿cuándo, cuándo, Señor? Y es que mi carne es amante de la instantaneidad, de la inmediatez. Quiero todo para ya, incluso las promesas del Espíritu. Ya quiero ser adulta en el conocimiento de Dios, cuando apenas acabo de nacer.  Mi mente no acaba de entender que es un proceso.

El Salmo 1 habla de las bienaventuranzas del justo y dice que..
 "será como árbol plantado en corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo" (v.3)
Primeramente, la analogía es con un árbol, lo cual implica todo un proceso de siembra, crecimiento y alimento, es decir, necesidad de estar junto a "corrientes de agua" (que no puede ser más que su Palabra). Segundo, el fruto es EN SU TIEMPO. El fruto no viene de inmediato; es en su tiempo, cuando esté listo, cuando hayan sucedido toda una cadena de eventos previos necesarios para formar ese fruto.  Y aquí pienso en la palabra utilizada en Hechos 1 en donde dice que nosotros no tenemos que saber los tiempos del Padre, y también menciona "los sazones".  ¿Qué son los sazones de Dios?  Además de la primera imagen que nos viene a la mente de cebolla, verduras, cilantro, ajo, etc., si buscamos en el Diccionario de la Real Academia Española la palabra sazón, encontraremos que significa (viene del latín satĭo, -ōnis, acción de sembrar, sementera) 1. Punto o madurez de las cosas, o estado de perfección en su línea. 2.  Ocasión, tiempo oportuno o coyuntura. 3. Gusto y sabor que se percibe en los alimentos. Y que a la sazón, significa: En aquel tiempo u ocasión. Y en sazón: Oportunamente, a tiempo, a ocasión. 
Vista estas definiciones, no puedo evitar pensar que el Señor definitivamente me está cocinando, pero aún no estoy en el "punto o madurez de las cosas, ni en estado de perfección".  Tampoco aún tengo el "gusto y sabor" que debo tener. ¿Acaso se puede sacar un bizcocho del horno antes de que haya pasado el tiempo que necesita?  El Señor aún no ha terminado su obra en mí.
Para que eso suceda, sólo tengo que buscarle.
"Acercaos a Dios, y El se acercará a vosotros"
[Stgo. 4:8a]
  
Pero el resultado de la comunión y conocimiento de Dios no es inmediato, porque es que Dios no nos puede ser revelado de un sólo golpe; no estamos preparados para eso. El conocimiento de Dios debe ser dosificado, de manera que pueda caber en nuestro limitado entendimiento. Es un proceso y debemos no sólo honrar ese proceso, es decir, ser obedientes y pacientes durante el mismo, sino que también debemos aprender a disfrutarlo. Dejar la ansiedad, la desesperación, la impaciencia. Buscándole todo el tiempo, y esperando sólo en El.

En conclusión, no es cuando yo quiera, mucho menos cómo yo quiera; no es cuando yo piense que debe de llegar, es cuando El quiera; será en SU TIEMPO.  Mi oración al Señor no debe ser entonces preguntarle cuándo, sino pedirle que me continúe "sazonando" con sus sazones. Amén.