miércoles, 18 de diciembre de 2013

METAS

Como todos los años, en esta época, entre el final y principio de año, ya es prácticamente tradición y hábito apartar un tiempo para establecer las nuevas metas para el año entrante (aunque no siempre son nuevas). Yo lo hago todos los años. Pero este año quiero invitarte a que cuando hagas ese ejercicio de reflexión, tomes en cuenta algunos principios. Para ser honesta, es la primera vez que aplicaré estos principios, pero me atrevo a compartirlos aun cuando no tengo la experiencia de haberlos aplicado bajo el contexto de las metas del año, porque estoy cien por ciento confiada y segura de que funcionarán.

Y sé que funcionarán por una sencilla razón: he probado todo lo demás y no ha funcionado. Lo que más he adquirido en los últimos años de mi vida es conocimiento y herramientas para lograr el éxito, alcanzar las metas propuestas, obtener prosperidad, etc. etc. Más de dos docenas de talleres, como participante, como personal de apoyo y hasta como facilitadora; más de una docena de libros sobre superación personal, y aun así, hoy puedo decir sin temor a equivocarme que no han servido de nada.  Si al igual que yo, has estado expuesto a este tipo de información, te digo: Puedes tirar todo eso a la basura. 

Puede que alguien piense que estoy siendo poco razonable al hacer esta afirmación, incluso puede que me digan: "Que no te hayan funcionado a ti, no quiere decir que no puedan servirle a otros", pues esos conocimientos y herramientas que nos han enseñado para alcanzar metas de hecho sí le han funcionado a mucha gente. Y estoy de acuerdo; yo misma lo he visto. Es cierto si lo miras bajo la perspectiva de que alguien se propuso una meta, aplicó los conocimientos y herramientas aprendidos para alcanzarla, y la alcanzó. ¿Pero es eso realmente lo que la persona estaba buscando cuando se propuso esa meta?  

Cuando nos proponemos una meta o nos ocupamos en algo que realmente deseamos, ¿es la meta en sí misma lo que queremos o mas bien buscamos el sentimiento de satisfacción o de felicidad que creemos que esa meta nos proporcionará? La verdad es que no es la meta lo que buscamos, sino lo que pensamos que esa meta puede darnos. Si lo vemos desde esa perspectiva, entonces veremos cómo mucha gente que han alcanzado todas las metas que se han propuesto en la vida, al final como quiera no se sienten satisfechos. Esto es porque se han enfocado en la meta superficial y no en la meta de fondo, la meta real. Es lo que está detrás de la meta lo que verdaderamente importa, no la meta en sí misma.

Con eso en mente, les listo a continuación cinco principios que entiendo nos servirán para alcanzar lo que está detrás de las metas y de paso, también las metas mismas. Son principios que entiendo todo cristiano que ame a Dios debe seguir, no sólo para el inicio de año para lograr lo que nuestro corazón anhela, sino también para toda nuestra vida y para lograr ser mejores cristianos a la luz de la Palabra.

Principio #1: Busca primeramente el reino de Dios

"Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas." [Mateo 6:33]

Es uno de mis versículos favoritos. Está en rojo en mi Biblia, es decir, que son palabras del mismo Señor.  Sin embargo, tristemente no lo aplico todo el tiempo en mi vida como quisiera. Este año me propongo hacerlo.

¿Qué significa buscar primeramente el reino de Dios y su justicia? 

A lo largo de todos los Evangelios el Señor Jesucristo nos enseña lo que es el reino de Dios. Cada parábola dada por el Señor es para ilustrarnos en qué consiste el reino de Dios. Su vida, muerte y resurrección es la más alta representación del reino de Dios. Quiere decir que buscar primeramente el reino de Dios significa buscar a Dios; ser la semilla plantada en buena tierra que oye, entiende y da fruto [Mt. 13:1-9, 18-23]; es ser el trigo y no la cizaña que es echada al fuego [Mt. 13:24-30, 36-43]; es dejarlo todo y seguir a Cristo; es tratar cada día de parecernos más a Jesús, amando, predicando su Evangelio, atendiendo al pobre y al necesitado, sirviendo a los demás, amando verdaderamente al prójimo, poniendo la otra mejilla, dando la milla extra aunque nos duela en la carne. Buscar primeramente el reino de Dios y su justicia es ser verdaderos discípulos de Cristo.

Pero ¿cuáles son "todas esas cosas" que nos serán dadas? 

¿A que se refería Jesús? En el versículo 31 anterior, Jesús nos dice: "No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?". Quiere decir que "todas esas cosas" son todo lo que tiene que ver con nuestro sustento y con las cosas materiales que necesitamos o deseamos como seres humanos. Jesús nos enseña a que no nos preocupemos por eso y nos promete que si buscamos primero Su reino, en lugar de estas cosas, él nos proveerá de ellas como un plus. 

Digo como un "plus" pues no que estas cosas materiales serán una recompensa por buscar primero el reino de Dios, pues la verdadera recompensa no la veremos en este mundo. Si "buscas" primeramente el reino de Dios para obtener la recompensa aquí en la tierra de prosperidad, éxito, etc. entonces realmente no estás poniendo a Dios primero en tu vida. Cuestiona todo el tiempo tus motivaciones, pídele al Señor que escudriñe tu corazón y te revele si estás haciendo cosas supuestamente "espirituales" para obtener méritos terrenales. Es como cuando le prometo un premio a mi hija si saca buenas notas. Ella sin duda se esforzará para obtener ese premio, pero la verdad que el premio inmediato por sacar buenas notas no es el verdadero premio; el verdadero premio será la vida decente que podrá algún día tener gracias a una carrera profesional, la cual no obtendría si no sacara buenas notas. El premio, dice el Apóstol Pablo, es el "supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús". 

"Yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,  prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús". [Filipenses 3:13-14]  

Este año, al establecer tus metas, pon primero las metas espirituales, y por último las materiales. Es más, pon sólo las metas espirituales, pues el Señor nos dice que ya el Padre sabe cuáles son nuestras necesidades [Mt. 6:32].  Entonces ¿para qué poner como meta cambiar el carro este año? Si realmente necesitas cambiar el carro, el Señor lo sabe.  Para cada meta que escribas, hazte la pregunta ¿esta meta busca primeramente el reino de Dios? 

Y quiero que pienses por un momento en algo que todos queremos: prosperidad económica.  Si eres creyente, ten cuidado cuando pidas por prosperidad. No es que tenga nada de malo la prosperidad, mucho menos pedirla al Señor, pero de la abundancia del corazón habla la boca [Mt. 12:34]. Si nuestras peticiones al Señor están llenas sólo de cosas materiales, quiere decir que el interés por las cosas materiales es lo que impera en nuestros corazones; entonces debemos preguntarnos si estamos realmente buscando primero el reino de Dios. Haz que además de tus metas, también tus oraciones estén llenas de peticiones espirituales. Empieza a pedirle al Señor por prosperidad espiritual, no material. Todos asociamos la prosperidad con abundancia económica y éxito en general en la vida, pero la verdadera prosperidad del cristiano es una vida que agrade a Dios.

Principio #2: Proponte una única meta: agradar a Dios

Visto el principio anterior de buscar primeramente el reino de Dios, todas las metas que podamos tener deberán poder resumirse en una sola: agradar a Dios.  Ése y no ningún otro debe ser el móvil de todo nuestro accionar y vivir. 

Soy consultora en planificación estratégica y lo primero que les digo a mis clientes es que antes de establecer una estrategia, objetivos o metas, es necesario establecer primero una MISIÓN y luego una VISIÓN, las cuales deben estar apoyadas de VALORES. Esto es básico en el proceso de planificación de una empresa. La misión es el propósito, el para qué, y la visión es hacia dónde nos dirigimos. La misión no cambia, pero la visión puede ser actualizada periódicamente. Son estos tres elementos que sirven de base para forjar una estrategia, es decir, el cómo. En el caso del cristiano, la misión es agradar a Dios; ese es nuestro propósito en la vida, el para qué vivimos. Y la visión es agradar a Dios y los valores, también agradar a Dios. ¿Por qué los tres elementos son iguales? Pues si nuestro propósito (la misión) es agradar a Dios, hacia donde nos dirigimos (la visión) también debe ser agradar a Dios, y por supuesto, los valores serán todos los que agraden a Dios, que se resume en las siguientes palabras de Jesús:

"Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo" [Lucas 10:27]

Pero ¿qué es agradar a Dios?

 El Señor nos dice que si le amamos, debemos guardar sus mandamientos, y que el amor de Dios es precisamente eso, obedecerle [Juan 14:15, 21, 15:10]. Es decir que agradar a Dios es obedecerle, de igual manera como le pedimos a nuestros hijos que nos obedezcan si quieren verdaderamente agradarnos.

Este año, antes de establecer tus metas, haz un examen a tu vida e identifica todo aquello que sabes no agrada a Dios. Cambiar esas cosas que no agradan a Dios debe ser tu prioridad; esas cosas deben ser las primeras metas que encabecen tu lista. Cuando hayas terminado de listar todas aquellas cosas que estás haciendo que NO agradan a Dios, entonces continúa tu lista con otras cosas que pudieran agradar a Dios pero que aún no estás haciendo.

Principio #3: Somete todo a la voluntad de Dios

A veces me hago esta pregunta: ¿Por qué otros logran lo que quieren y yo no? Algunos amigos me dirán que es por mi falta de disciplina y compromiso; y otros dirán que es porque no me enfoco y quiero abarcar demasiado. ¿Y saben? Ellos tiene razón: soy indisciplinada y desenfocada. Sin embargo, no creo que esa sea la única razón por la cual no siempre obtengo lo que me propongo. En verdad pienso que aquello que no logro alcanzar es porque no es la voluntad de Dios, y si no es la voluntad de Dios, entonces no me conviene.

Es por esta razón que insisto que nuestras metas deben ser todas espirituales, porque las otras metas, las no espirituales (aunque no necesariamente estrictamente materiales), deben estar alineadas a la voluntad de Dios, y muchas veces no sabemos si es así. Las metas espirituales, por el contrario, ya sabemos de antemano y estamos seguros de que son la voluntad de Dios. Lo primero que tenemos que tener presente es que Dios tiene un plan para nosotros, y puede que nos lo revele como puede guardar el secreto y darnos una que otra sorpresa. Lo importante es estar claro en que los planes de Dios son perfectos y son para nuestro bien.

"Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis." [Jer. 29:11]

Muchas veces tenemos que someternos y aceptar que algo que pedimos o por lo que arduamente hemos luchado no está dentro del plan maestro de Dios para nosotros. Cuando establezcas tus metas, por más nobles y "cristianas" que parezcan, recuerda siempre orar diciendo: "Señor, sólo si es tu voluntad".

Y si te estás preguntando la pregunta que miles de veces me hecho de por qué, incluso gente que considero malísima, les va bien, obtienen todo lo que quieren y son exitosos y prósperos en la vida y tú no, entonces te invito a que leas los Salmos, especialmente aquellos que hablan de lo que le pasará al injusto.  Puede ser que en esta vida ellos estén bien, que ya hayan obtenido recompensa en su vida terrenal, pero la recompensa del cristiano no es de esta tierra, así que si no obtienes nada de las cosas buenas de este mundo, entonces recuerda las bienaventuranzas de Jesús. ¿De quién es el reino de los cielos? De los humildes, de los niños, de los pobres, de los que sufren, de los que lloran, de los últimos...

Principio #4: Ten paciencia. Todo será en Su tiempo

Esta es mi parte menos favorita, pues suelo ser muy impaciente. Un test psicológico al que me sometí cuando era más joven, concluyó diciendo lo siguiente sobre mi personalidad: "Mirtha es una persona muy impaciente y es adicta a la inmediatez". Esa frase no podía describirme mejor. Todos los días el Señor me enseña a ser paciente y a esperar en Él. Y no que lo haya alcanzado ya, pero prosigo hacia la meta (como dice el Apóstol Pablo).

No es casualidad que la paciencia es uno de los atributos que se utiliza para describir el fruto del Espíritu [Gá. 5:22]. Escuché una vez un sermón del Pastor John Nuzzo de Victory Family Church en Cranberry, Pennsilvania, donde decía que a veces le pedimos paciencia al Señor de la siguiente manera: "Señor, dame paciencia.... y dámela rápido". Por supuesto, todos en la audiencia rieron. Pero él continuó explicando que los atributos del fruto del Espíritu: 1) son inseparables; es decir, no puedes tener amor, pero no paciencia, o gozo, pero no amor; si tienes el fruto del Espíritu, entonces se podrán evidenciar en ti los nueve atributos (amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,  mansedumbre, templanza), pues el fruto del Espíritu es uno solo (no es casualidad que dice "el fruto" y no "los frutos"); y 2) el fruto del Espíritu no es algo que puedas pedir. Esto último me llamó mucho la atención, pues en la Biblia dice, por ejemplo, que el que no tenga sabiduría que se la pida a Dios [Stg. 1:5]; entonces, ¿por qué no puedo orar por paciencia, o por amor, o por gozo? Humm! No me quedaba claro por qué no. No ha sido sino en mi breve caminar en mi propia vida cristiana y relación con Dios que he podido verdaderamente entender esto. El Señor me ha mostrado cómo tengo que tener paciencia incluso en el camino hacia el conocimiento pleno de Él. Y es que el fruto es un resultado de un proceso que implica una alimentación y exposición a los elementos adecuados. Al igual que el árbol que necesita la luz y el agua, así nosotros necesitamos alimentarnos cada día de la Palabra de Dios para poder crecer. El fruto es el resultado de un crecimiento, de una madurez (el árbol no da fruto sino hasta que está listo para hacerlo), y conlleva tiempo y dedicación. Por eso no se ora por paciencia, sino se trabaja en ella alimentándonos de la Palabra y manteniendo una relación cercana con el Señor.

Entonces si no logras todo lo que te propones para este año próximo, incluso si no alcanzas tus metas espirituales, simplemente ten paciencia. El Señor tiene su tiempo y su tiempo siempre será perfecto, aun cuando hoy no puedas entenderlo. Espera en el Señor. Lo bueno de esperar en el Señor es que Él en el interim nos consuela. El Apóstol Pablo se refiere a Dios en Romanos 15:5 como "Dios de la paciencia y de la consolación".

Principio #5: Pon tu confianza en el único que puede ayudarte a alcanzar tus metas

Por último, pon todos tus planes, tus metas, tus sueños, toda tu vida en manos de quien te amó primero, dio Su vida por ti y que además, tiene el poder para concederte todas las cosas.  Muchas veces fracasamos porque queremos hacer las cosas por nuestros propios medios. Nos olvidamos que sin Dios no somos nada, y entonces el Señor nos lo recuerda. Robert Allsup, del ministerio Global Advance, en una predica reciente en mi iglesia, decía que si logramos las cosas por nuestros propios medios, entonces el mérito es nuestro y no de Dios. No podemos olvidarnos de nuestra misión, que es agradar a Dios, y glorificar a Dios, que viene siendo lo mismo. Cada meta, cada propósito, cada acción en tu vida debe ser para la gloria de Dios.

Así que, al perseguir tus metas durante este nuevo año, no confíes en ti mismo, ni en nadie, ni en la economía, ni en las circunstancias, sólo confía en Dios y ten fe de que Él te guiará por el perfecto camino de Su voluntad.

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