lunes, 15 de abril de 2013

CRISTIAN@

Me pareció curioso que al investigar sobre la palabra "cristiano", la misma sólo se menciona 3 veces en la Biblia.  
...y a los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía.
Entonces Agripa dijo a Pablo: Por poco me persuades a ser cristiano.
...pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello.
 
Aparentemente el uso de la palabra es más histórico que bíblico y "es posible que originalmente la intención de usar el calificativo de cristiano contenía cierto sentido peyorativo(Nuevo Diccionario de la Biblia. Lockward/Unilit).  Pareciera que ser llamado "cristiano" era en esos tiempos de los apóstoles prácticamente una sentencia, sino de muerte, de serias dificultades, y que como mínimo podía ocasionar vergüenza.
 
Hoy en día esto ha cambiado.  El adjetivo se ha hecho universal para referirse ya no sólo a los seguidores de Cristo, sino a una religión, a un movimiento, a una condición, a una manera de ser, a todo un estilo de vida.  Ahora, si alguien dice "esa persona es cristiana", no necesariamente es motivo de vergüenza, sino de orgullo.  Alguien está reconociendo en otra persona ciertas cualidades.  Y reflexionando sobre esto por supuesto me pregunto si exhibo las cualidades necesarias para que me llamen "cristiana".  Y más aún, ¿soy digna de auto proclamarme como "cristiana"?  Al día de hoy, tristemente y siendo absolutamente honesta conmigo misma, la respuesta a ambas preguntas es NO.  ¿Significa esto entonces que no lo soy?
 
Desde niña me hice una idea propia de lo que era ser cristiano, y creo que esa idea era correcta: ser cristiano es difícil.  Durante toda mi vida entraba y salía del cristianismo, o digamos mejor, de una relación cercana con Dios, por diferentes razones: el mundo que me atraía, la falta de disciplina, el amor a las cosas terrenales, terquedad, etc, etc.  Pero en realidad, todo se resumía en que no quería hacer el "trabajo" ni someterme a lo que ya sabía conllevaba ser cristiano.  Es como el enfermo que sabiendo que morirá si no se toma determinado medicamento, aún no lo hace porque le cae mal, porque implica efectos secundarios o un gran dolor.
 
Creo que no hay cristianos buenos o malos.  O eres cristiano o no lo eres.  Punto. Es absurdo pretender poder identificar a un buen cristiano de otro que no sea tan bueno, o sea malo, como si existiera un "cristianómetro".  El nivel de mi cristianismo debe estar determinado por la profundidad de mi relación con Dios, y siendo esto así ¿cómo puede otro ser humano medir que tan profunda es mi relación con Dios?  Sin embargo, digamos que para fines ilustrativos, añadiré algunas palabras descriptivas, sólo para referirme a diferentes etapas por las que muchos cristianos, y otros que quizás no lo sean (eso sólo lo sabe el Señor), hemos atravesado.
 
El cristiano a medias (o cristiano de los domingos):  Puede ser que durante la semana ni se acuerde de su Creador, sino que espera hasta el domingo para ponerse el "traje de cristiano" e ir a la Iglesia. Durante años fui ese tipo de cristiana.  No era tampoco que estaba en malos pasos; no estaba en el mundo, pero tampoco estaba con Dios.  Es el camino más cómodo.  Sólo una palabra puede describir esto: MEDIOCRIDAD.  Y ¿qué dice la Biblia sobre la mediocridad?:
15 Yo conozco tus obras, que ni eres frío ni caliente. !!Ojalá fueses frío o caliente! 16 Pero por cuanto eres tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré de mi boca.

El cristiano de la secreta:  Uff!  En esta categoría sí que soy toda una experta.  Este es el cristiano que se avergüenza ante el mundo de su Dios.  Y va más allá de la vergüenza.  Se parece un poco al anterior, porque es que este cristiano quiere ser cristiano sin dejar el mundo.  Ama el reconocimiento de los hombres y vive para ser aprobado por los demás. Es el síndrome de Pedro, quien negó a Jesús.  Y cuando te encuentras con esta realidad, creéme, al igual que Pedro y al igual que yo, llorarás amargamente (Mt 26:75). Y ¿qué dice la Biblia?:
32 A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos. 33 Y a cualquiera que me niegue delante de los hombres, yo también le negaré delante de mi Padre que está en los cielos.
Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.
Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree..
Pues, ¿busco ahora el favor de los hombres, o el de Dios? ¿O trato de agradar a los hombres? Pues si todavía agradara a los hombres, no sería siervo de Cristo.
 
El cristiano social o de moda:  Esta categoría es bien peculiar, pues ahora ser cristiano está de moda.  Y es que a veces vemos a la Iglesia y a la comunidad cristiana como a un club al que debemos pertenecer.  Tienen actividades, cantan bonito, hay muchas emociones de por medio, sientes que estás teniendo equilibrio en tu vida, pues estás atendiendo tu aspecto espiritual, conoces mucha gente interesante, y de repente tu vida -que estaba antes vacía, ahora la estás llenando con una agenda llena, muchos amigos a los que llamas "hermanos y hermanas" y muchos momentos emotivos.  La Iglesia se ha convertido para algunos tan sólo en un "spa espiritual", al cual se acude para recargar las pilas y aliviar nuestras cargas y el stress de nuestras vidas.  Y como figuras públicas han hecho profesión de fe, pues ahora ser cristiano también es "cool".  Estos cristianos no crecen.  Por eso vas a esas Iglesias, hablas con ellos y te das cuenta que sus palabras son superficiales, no hay ninguna profundidad, pues están atrofiados, no han crecido y continúan alimentándose de leche en vez de comida sólida (Heb 5:12-14). ¿Está verdaderamente tu corazón en Cristo?  ¿O eres como dice el Señor?:
Este pueblo de labios me honra; Mas su corazón está lejos de mí.
 
Yo he sido todas esas categorías de cristiano, y muchas más.  Y hoy inicio de nuevo el camino.  Me he convertido tantas veces que ya perdí la cuenta.  Y en mi necedad, he dudado en mi corazón si realmente el Señor me ha llamado a seguirle, pues me pregunto: ¿por qué a otros les es fácil ser cristianos y a mi me es tan difícil?  ¿Será que no doy para esto?  En esta semana compartí con un amigo que me conoce bastante bien y le dije que había vuelto al camino del Señor.  Se burló de mí, y entre otras cosas me dijo estas palabras: "Tú no puedes meterte en eso; tienes una personalidad adictiva; te vas a fanatizar".  El estaba haciendo referencia a otro momento de mi vida, en donde para llenar el vacío de estar lejos de Dios, acudí y -mucha razón tiene mi amigo- me fanaticé con determinado movimiento y filosofía humanística. No pude evitar sonreír cuando lo escuché diciendo eso, pues ojalá me convirtiera en una cristiana fanática.  El diccionario de la Real Academia define "fanático, ca" como "1. Que defiende con tenacidad desmedida y apasionamiento creencias u opiniones, sobre todo religiosas o políticas; y 2. Preocupado o entusiasmado ciegamente por algo."  Yo quiero ser una fanática de Jesús, yo quiero estar ciegamente entusiasmada por la Palabra de Dios, yo quiero estar tan apasionada de mi fe, que todos los días de la semana sean domingos, yo quiero tener una tenacidad desmedida por mi Dios.  Y hago énfasis en la palabra "desmedida".  ¿Acaso tuvo El medida cuando dió Su Vida por mí?
 
Este domingo asistí a una clase para nuevos cristianos (estoy tomando leche, pues aún no estoy apta para comida sólida), y volví a aprender lo que necesito hacer para alcanzar la meta de ser cristiana; no a medias, no de la secreta, no social ni de moda, sino solamente CRISTIANA, considerando siempre que la meta del cristiano es ser como Jesús.  Y me dieron la siguiente lista:
1) Estudiar la Biblia
2) Orar
3) Congregarse en una Iglesia
4) Testificar
5) Obediencia y
6) Dar, servir
 
Es evidente que mis métodos anteriores no iban a funcionar nunca.  No hay un "short cut", no hay un camino fácil, no hay manera de "guillarse" (como diríamos en buen dominicano).   Ser cristiano implica estar en una batalla constante, en donde el principal enemigo es uno mismo.
El labrador, para participar de los frutos, debe trabajar primero.
Pelea la buena batalla de la fe, echa mano de la vida eterna, a la cual asimismo fuiste llamado, habiendo hecho la buena profesión delante de muchos testigos.
 
Todos los 6 elementos son importantes, pero debo reconocer que hay uno que me es más difícil y por tanto, cobra mucha más importancia para mí.  Se trata de la Obediencia.  Y pensándolo bien, es el que necesito para poder cumplir con el resto de los 5.  Y es que para ser cristiana necesito ineludiblemente someterme al Señor, pues de nada me sirve auto proclamarme como cristiana y no cumplir con sus mandamientos.  
No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
 
Es una batalla, es una carrera en donde la única meta es alcanzar la Santidad de Jesús.  Y Su Santidad es inmensurable; prácticamente imposible de imitar, pero estoy llamada a intentarlo, y a vivir y morir intentándolo.   
No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.
 
Por eso hoy, con todo y mis dudas, concluyo mi reflexión de la siguiente manera:
¿Exhibo las cualidades necesarias para que me llamen "cristiana"?
Aún no, pero estoy trabajando en ello, no para complacer a los hombres y obtener galardones en la tierra, sino para complacer a Dios y obtener mi galardón en el cielo.
¿Soy digna de auto proclamarme como "cristiana"?
No, no soy digna, pero el Señor me hizo digna al morir por mí en la cruz.  El y sólo El me hace digna todos los días de mi vida. Amén.


 

domingo, 7 de abril de 2013

SALVACIÓN

Es dificil mencionar la palabra "salvación" sin que inmediatamente pensemos en lo espiritual, en lo religioso o en la misma base del cristianismo.  Es un tema profundo, del cual mi única pericia es mi propia historia.  Escucho a otras personas hablar de salvación y me doy cuenta que sus palabras no hacen mucho sentido hasta que una lo experimenta de una manera personal e íntima en su propia vida.  Es un tema tan profundo que -siendo absolutamente honesta- aún no logro comprender; aún estoy en el camino para entenderlo, y me temo que probablemente no logre comprenderlo sino hasta el fin de mi vida terrenal.  Sólo en ese momento podré comprender plenamente lo que quiere decir la salvación.

La palabra "salvación" es mencionada muchas veces en la Biblia; 170 veces para ser exactos, sin contar las veces en que se menciona conjugado el verbo "salvar" o la palabra "Salvador".  Se habla del Camino de Salvación, salvación de los enemigos, salvación de las tribulaciones, salvación de las enfermedades, salvación de la muerte, salvación del alma, salvación de los pecados.  Pero ¿qué es la Salvación para mí? ¿De qué necesito ser salvada?  No estoy enferma, ni a punto de morir (al menos, no que yo sepa). No estoy encerrada en una cárcel.  No estoy en drogas.  No me persiguen enemigos que quieran matarme o torturarme.  Estoy viva.  Así que.. ¿por qué habría de necesitar salvación?
 
Durante muchos años esta pregunta me ha perseguido.  He escuchado sobre la salvación desde que era niña, y aprendí, o quizás debería decir que me "embotellé" que necesitaba ser salvada por causa de mis pecados.  Este es un concepto difícil de comprender cuando no vemos las consecuencias de nuestros pecados de una manera inmediata.  Muchas personas se pasan la vida haciendo cosas "malas" y no hay ningún tipo de castigo, por lo menos no visible. Es fácil comprender el concepto del pecado, pues hay algo en nosotros que nos dice cuando hacemos algo que no está bien, pero la "salvación de los pecados" es otra historia.  Es fácil también reconocer el pecado, por lo menos, los pecados visibles, pues aprendemos de la sociedad ciertos principios que abarcan lo que llamamos "moral".  No tuve nunca problemas con reconocerme como pecadora; sin embargo, no siempre veía las consecuencias.  La verdad es que muchas veces me salí con la mía, y pudiera vivir así el resto de mi vida, y aún así tener una vida exitosa, plena, feliz, tranquila.  Y es que la consecuencia del pecado en realidad no sucederá en nuestra vida en la Tierra.  La consecuencia del pecado viene después.   
 
Y he aquí donde entra el elemento de la fe.  Siempre asociamos la fe con algo positivo, pero hay que empezar por lo negativo, pues para poder CREER en la salvación (la parte positiva), primero necesitamos CREER en la consecuencia mortal del pecado (la parte negativa).  De ninguna de las dos hay evidencias.  Yo no sé qué sucede después de la muerte.  No sé qué pasará con mi alma cuando mi corazón ya no palpite y deje de respirar.  Ni siquiera sé si existe el alma.  No la he visto nunca.  Tengo una idea de lo que puede ser, pero no sé si hay una parte de mi que cuando mi cuerpo muera seguirá viva o si también morirá junto con mi cuerpo.  Entonces CREER que el pecado es sinónimo de MUERTE eterna, es el primer acto de fe. 
 
Pero no puede quedarse sólo ahí.  Si creo que la consecuencia de mi pecado es la muerte para siempre y no hago nada al respecto, soy una necia.  "Necia" es la palabra bonita, pero el adjetivo que mejor lo describiría es "estúpida".  La fe es la certeza de lo que no se ve, ¿cierto? Entonces si tengo la certeza de que el resultado de mis pecados es una muerte segura, ¿no es entonces estúpido no buscar la fórmula para que esto no suceda?  Esa fórmula es la SALVACIÓN.
 
Pero no cualquier salvación, sino la SALVACIÓN DE DIOS, por medio de su Hijo, Jesucristo.  Si tuviera que buscar un sinónimo para salvación, no pudiera escoger sólo uno.  Porque la Salvación es Vida, es reconciliación con Dios, es el Perdón de Dios, es la comunión con Dios, la Salvación es JESÚS.  Y lo principal que tenemos que mantener en nuestras mentes y en nuestros corazones sobre esta Salvación, es que no se trata de una salvación terrenal, no se trata de que Dios nos libre de nuestros problemas ahora, ni de enfermedades, ni de una vida miserable.  Se trata de librarnos de la muerte eterna; de permitirnos que continuemos existiendo aún después de la muerte física.  Todo lo demás es añadidura, accesorio, extra, una "ñapa" que Dios en Su Misericordia nos concede.  Claro que Dios también me libra de las angustias de la vida presente; claro que Dios rompe las cadenas de las cosas que me mantienen alejada de El. Porque su único propósito es mantener una relación estrecha conmigo, ahora y para siempre.  

Y esa es la Salvación para mí.  Para ti, ¿qué es?

Hechos 4:12
Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

Apocalipsis 7:10
y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero.